Como superar la obsesion por tu ex

Es muy fácil caer en el círculo vicioso del amor, incluso más cuando no somos correspondidos. Quedarse colgadas del ex es un mal que sufren muchas mujeres. Si es tu caso, no desesperes, romper las cadenas es más fácil de lo que crees. Toma nota de la primera regla de oro: depende solo de ti. ¿La segunda? Romper y no dar un paso atrás ni para tomar impulso.

Según la antropóloga Helen Fisher, la mejor receta para afrontar un rechazo amoroso es deshacerse de todo lo que nos recuerde a la persona amada, no llamarla ni intentar contactar con ella nunca más, salir y hacer algo que nos distraiga. De esta forma, la química cerebral que se despierta con el enamoramiento irá menguando y se superará el síndrome de la adicción al ex.

¿Te parece imposible? No lo es, sólo tienes que quitarle a tu pareja el poder que tú misma le has dado. Te has acostumbrado a dar y a esperar, y él a recibir y manejarte a su antojo... porque tú se lo permites.

Falta de autoestima

Según la psicóloga Carmen Debesa, la obsesión amorosa está directamente relacionada con la inseguridad y la falta de autoestima. “Nadie es tan valioso como para morir por él”, dice. “Si conseguimos valorarnos tanto como valoramos a la persona querida, la dependencia psicológica empezaría a desvanecerse”.

Siguiendo el consejo de la especialista, lo primero que debe hacer una persona “enganchada” a otra es empezar a trabajar su autoestima. ¿Cómo?:

- Potenciando todas las actividades y cosas que le gustan y que le hacen sentir segura y valiosa.

- Intentando abrir su círculo de amistades.

- Rompiendo todos los vínculos con esa persona.

- Acudiendo a un especialista si no somos capaces de hacerlo solas.

“Lo más curioso de este tipo de relaciones obsesivas -dice Debesa- es que muchas mujeres se aferran a situaciones y personas que en realidad no les hacen felices”. “Incluso muchas de ellas acabarían desenamorándose de esa persona si la tuvieran a sus pies”, añade. “Se trata de un comportamiento obsesivo que esconde otro tipo de problemas, una gran insatisfacción consigo mismas y un gran miedo a estar solas”.

“En realidad, esta actitud nos está frenando respecto a la vida, ya que nos está impidiendo conocer a otras personas que pueden aportarnos mucho más, está limitando nuestro desarrollo personal y social, y nos está apartando de las innumerables situaciones y vivencias agradables de las que podríamos disfrutar”.

Según la psicóloga, hay que olvidarse de la palabra soledad y hablar de independencia y libertad. “Volver a estar soltera puede suponer una nueva oportunidad en tu vida, una segunda vez para todo lo que no has podido hacer antes: viajar, salir, seguir estudiando, dedicarte a ti misma”, dice. “Es importante buscar actividades que llenen nuestros ratos de ocio, incluso en casa: pintar o redecorar la casa puede ser una buena excusa, todo vale”.

Si hay niños de por medio, la psicóloga aconseja acudir a un abogado que medie entre las partes para llegar a una separación lo más cordial posible. “Querer seguir con él por tus hijos es un error y no os hará más felices a ninguno”, dice Carmen Debesa. “Tus hijos crecerán más sanos psíquicamente en un ambiente sin tensiones; ver que su madre ocupa un segundo lugar respecto al padre puede desarrollar en ellos patrones de comportamiento equivocados, de inferioridad en las niñas y dominación en los chicos”.

Historias de mujeres que superaron la obsesión por su ex:

Para ayudarte a curarte de esa obsesión por tu ex hemos hablado con mujeres que lo padecieron y consiguieron superarlo. Éstas son sus “recetas”:

Mariola, 31 años. Estilista
Perdí dos años de mi vida aferrada a un hombre que nunca se decidía a dar el paso. Me dejó pero a la semana ya me estaba llamando. Me decía que no estaba seguro pero que estaba en el camino, que le costaba mucho perder su independencia.

Yo era más joven que él y estaba totalmente enamorada y deslumbrada por todas las cosas que él hacía: bucear, escalar, viajar... tuve anorexia y una depresión.

Quedaba de verse conmigo entre semana y el 'finde' siempre me ponía alguna excusa -luego me enteré de que estaba con otra-. Un día reventé: mi hermano me dijo que o le dejaba o le partía la cara.

Toda la familia estaba sufriendo por mí. Llamé a mi ex, le dije absolutamente de todo acerca de su cobardía, egoísmo y falta de honestidad y, por supuesto, que no quería volver a saber nada de él. Fue muy duro hacerme a la idea de que no iba a pasar el resto de mi vida con él -¡ahora no lo querría ni regalado!-.

*¿Mi salvación? El deporte. Me meti a un gimnasio y empecé a conocer a gente nueva.

Después me saqué el título de buceo. Luego hice un viaje a Indonesia con una agencia de aventura. Luego probé el wakeboard... Y acabé haciendo muchas más cosas interesantes que él. Dejó de interesarme y ahora tengo un novio espectacular.

Carmen, 28 años. Abogada
Mi historia es un horror: estuve cinco años con un hombre que tenía novia. Era la otra, aunque pasaba más tiempo conmigo que con su novia. Al principio, me daba igual porque no estaba enamorada, pero luego me fui enganchando con él y me volvía loca pensando que luego se iba con ella.

Me convertí en una mujer gris y triste, siempre esperando sus llamadas, a cualquier hora del día o de la noche. Incluso llegué a presentarle en mi casa como mi novio. Me decía que estaba totalmente enamorado de mí, y lo cierto es que pienso que era verdad, porque nunca me he sentido tan querida por nadie.

Era el hombre de mi vida. Pero también era un grandísimo cobarde, porque nunca la dejó. Es más, se casó con ella.Por supuesto, tuve que dejarle yo a él. Lo conseguí gracias a mis amigas, a las que por suerte nunca dejé de ver. Ellas me abrieron los ojos y estuvieron ahí para recoger mis pedacitos.

Han pasado tres años y todavía sigo pensando que es el hombre de mi vida, pero no volvería con él. Además de mis amigas, el trabajo ha llenado mi vida. Cuando estaba con él no hacía nada, ahora no tengo novio pero sí tengo coche.

Irene, 37 años. Esteticista
Conocí a Jaime a los 17 años, me casé a los 22, tuve dos hijas con él y me separé hace cuatro años. Cuando estaba con él no trabajaba porque no le gustaba, me decía que tenía que cuidar de las niñas. Él tenía una empresa y pasaba mucho tiempo viajando. Cuando volvía a casa yo hacía todo lo posible para que estuviera contento, pero después de dar a luz a mi segunda hija ya casi no hacíamos vida de pareja.

Mientras más pasaba de mí, más me obsesionaba yo con él. Vivía angustiada esperando que volviese y si alguna vez era cariñoso conmigo -solía ser bastante frío y desagradable-, yo me ponía loca de contenta. Un día, un amigo en común me contó que mi marido llevaba mucho tiempo liado con una mujer de Barcelona -por eso viajaba tanto-.

Para mí, fue el fin del mundo, caí en una depresión y empecé a tomar antidepresivos. Tenía tanto miedo a perderle que ni siquiera le dije nada. Fueron mis hijas las que me sacaron de aquello: con seis y cinco años, vinieron a hablar conmigo para decirme que no eran felices porque yo nunca estaba feliz. Tenían razón: por mucho que quisiera a Jaime, no me hacía feliz, llevaba una vida absurda.

Al día siguiente, llamé a una amiga abogada. Él no podía creérselo cuando le llegó la demanda de separación. Me rogó y me lloró, pero no cedí porque tenía al lado a mis hijas. Volví a casa de mis padres una temporada hasta que encontré un trabajo de esteticista, segui mi vida y con otra persona.
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