Qué hacer si él ya no quiere estar a tu lado?

¿Te encuentras en una situación amorosa a punto de terminar? ¿Te lastima pensar la vida sin él? ¿Te conmueve haber perdido tiempo? ¿Lo amas y no aceptar que se vaya sin luchar? ¿Lloras? ¿Sufres? ¿No comes? ¿Tienes menos concentración? ¿Comes en exceso? ¿Se quiere ir? Pues que se vaya.

Si quiere irse de tu lado ábrele la puerta, ponle las maletas de sus promesas y dichos en el umbral del recuerdo, y cierra. Llora lo que quieras llorar, y luego a seguir. No malgastes tu breve paso por esta vida pretendiendo que alguien se quede a tu lado por lástima, favor, o culpa. Tiene derecho a irse, incluso a dejar de amarte. No podemos manipular con el pasado el presente. Si su deseo es marcharse, es preferible que sea sincero y lo haga; a que se quede mintiéndote.
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Si te quieres marchar de mi vida, ahí tienes la puerta, está abierta (pero a la vuelta la encontrarás cerrada).

¿Para qué quieres tenerlo a tu lado con engaños? Todas las ilusiones son cortinas de humo, tarde o temprano, el viento las arrastra a la nada. Valórate. ¿Piensas que igual no te aprecia en lo que vales? ¿Tú lo haces? Quizás él sea sólo el espejo de tus propias creencias intrapersonales. ¿Cómo te valoras? ¿Qué puntajes te das?

Si la historia que crearon juntos se terminó; suelta. Tal vez te llenes de enojo, o frustración, eso es sano; puesto que estás atravesando una pérdida; y deberás necesariamente aprender a elaborar ese dolor. La buena noticia es que en la vida todo pasa, y la información que a diario recibimos es tan vasta, que poco de lo que pasa queda. Recuerda el mayor de tus dolores, antes del presente. ¿Cómo te sentías? ¿Creías que lo ibas a superar? Y ahora ¿Cómo te sientes al respecto? Ya ha pasado y tú sigues. Esto también pasará.

Si te fuiste por una razón, no vuelvas con una excusa.

A veces las personas se van de nuestras vidas, pero somos nosotros quienes los seguimos sosteniendo en ella mediante la resistencia, la evasión, la negación. Sin embargo, lo que muere no puede resucitarse ni siquiera con los más cálidos besos del amor sufrido.

Aceptar que un mundo de cosas no está en nuestras manos, nos hace madurar. Pero no por eso debemos reservarnos. Aprender a andar con el corazón en la mano, y qué importa si los cuervos lo picotean. ¿Quién te quita lo besado? ¿Lo andado? ¿Lo reído? Esos son los tesoros que te llevas cuando llega el fin de esta morada.

Se fue y lo acepto.

Si quiere irse y no luchar por ustedes, es su decisión, aprende aceptar que los demás también tienen derechos como tú; aunque te resulte un tanto inaceptable, cede tu terquedad, y en el futuro de esta experiencia habrás aprendido mucho más de lo que hoy crees. Y en ese aprender esta la reconciliación con la vida y con quienes somos; porque nos adentramos al retorno a casa. Acá estamos de paso. Una temporada fugaz. ¿Vas a sufrir tanto para algo que en menos de 100 años se termina?

No se padece por las decisiones de los otros, sino por la interpretación que se hace de ellas. Si se va, lo interpretas como fracaso, insuficiencia, incapacidad personal, desamor.  Y a veces la gente se va por miedo, por conflictos personales, por sus propias limitaciones.

Cuelga tu látigo. Elabora tu duelo. Y vuelve a sonreír.

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